Jerusalén en el año 1099 se había vuelto cristiana gracias a la acción de los caballeros de la Primera Cruzada como habíamos contado en la primera parte de esta historia. La ciudad había sido tomada cruelmente por la fuerza, su población de musulmanes y judíos masacrada, la pregunta era clave, Jerusalén era suya y ahora qué.

Pero la cuestión más importante fue la jurisdicción de los nuevos territorios, realmente a quien pertenecían y a quien debían pleitesía los caballeros cruzados. Oficialmente por su localización geográfica deberían formar parte del Imperio Romano de Oriente, es decir el Imperio Bizantino, sin embargo esto no era tan sencillo ya que había dos factores importantes: Jerusalén era cristiana católica y no ortodoxa como Bizancio separada de Roma religiosamente desde el cisma de 1054 además los cruzados habían terminando renegando del emperador bizantino debido a sus relaciones no del todo amistosas, pese a que fue éste quien los reclamó militarmente como ayuda para sanear la zona en contra de las amenazas de turcos y musulmanes.

Se instituyó entonces un estado independiente y para gobernarlo pese a las disputas entre los grandes caballeros se optó por nombrar jefe a Godofredo de Bouillón, el cual no tomó el titulo de rey sino de Advocaus Sancti Sepulchri, defensor del santo sepulcro, una especie de gobernador. Sin embargo esta humildad no fue compartida por su hermano Balduino quien a la muerte de Godofredo abandonó la ciudad de Edesa para hacerse coronar rey de Jerusalén en el 1100. Es a partir de este año cuando se puede hablar del reino Franco o los estados latinos de Jerusalén.
Este reino era más bien una amalgama de gobernadores, señores e instituciones. Estaban los príncipes de Antioquía, de Trípoli, el Conde de Edesa, también las burguesías llamadas los comunes. A estos había que sumarles las colonias comerciales de estados europeos como por ejemplo las de Venecia. Si todos estos poderes fueran pocos aparecerían finalmente las órdenes religiosas militares que gozarían de gran influencia como la de los pauperes milites christi nacida en 1120 que se instalaron en los territorios del antiguo templo de Jerusalén denominándose por tanto templarios.
Durante 200 años, hasta el 1287 se sucederían un total de ocho reyes de Jerusalén y lo cierto es que su existencia no fue nada fácil. Los musulmanes nada más haber sido tomada la ciudad decidieron reorganizarse y plantearse volver a tomar la ciudad, lo cual les llevaría su tiempo. Por si no fuera poco no faltaron los problemas internos, bien por intrigas por el poder, por cuestiones comerciales o por cuestiones religiosas, factores que no hacían otra cosa que debilitar aun más el pobre poder del que gozaba el reino. Fue por esta debilidad que se organizaron nuevas cruzadas entre los siglos XII y XIII como cuando Edesa cayó bajo el dominio musulmán en el año 1144, es por eso que se envió una segunda cruzada como apoyo, que terminaría fracasando.

Ahora solo unos pequeños territorios alrededor de Tiro sobrevivían libres ya que la ciudad de Acre también había caído en manos musulmanas. Como respuesta a la toma de Jerusalén se organizó la tercera cruzada donde aparece la figura de Ricardo Corazón de León, del que me ocuparé de él en otro artículo. En esta cruzada se funda el reino de Chipre donde se refugia Lusignan como vasallo de Ricardo y se recupera Acre pero Jerusalén no llega a ser reconquistada.

El final del reino moribundo acaecería en el 1291 cuando los mamelucos, gobernantes por entonces de Egipto acabarían tomando la última plaza fuerte que era San Juan de Acre.
Aunque este ciclo de dos capítulos haya terminado, deciros que seguramente amplíe este tema proximamente con artículos dedicados a Saladino, Ricardo y todas aquellas figuras que tuvieron gran preponderancia en esta interesante historia.
De momento os dejo con los últimos dos capítulos de la serie Las Cruzadas, el primero lo encontraréis en este artículo y el segundo en El reino de Jerusalén [I].
A veces cuesta creer que existieran las cruzadas, hay que imaginar lo que podría ser para un ingles, hacer esa ruta, ya que todos no tenían el privilegio de viajar en caballo y por ejemplo una de las famosas rutas de Alemania a santiago, a pie eran 6 meses, no recuerdo cuanto seria a Jerusalén, pero vamos un buen tirón..
ResponderEliminarGracias por los documentales..