14 nov. 2009

Japón y el cristianismo



Cuesta imaginar la expansión del cristianismo en un país tan budista y sintoísta como Japón, pero así fue durante el siglo XVI gracias al misionero asiático por antonomasia Francisco Javier el jesuita, que llegó al archipiélago en 1549.

Su buena acogida en un principio fue debida a varios motivos no del todo religiosos, uno de ellos era el interés económico de los señores feudales por mantener el comercio con los portugueses y españoles, el otro era debido al momento de crisis que estaba viviendo la sociedad japonesa, las guerras habían producido hambrunas y muertes causando la desesperación entre la población. La gente por tanto vio la nueva religión como una salida, una liberación mental que no le ofrecía curiosamente el budismo. La idea de igualdad de todos los hombres frente a Dios en un país donde la explotación del campesinado por el feudalismo era patente así como las obras de caridad de los misioneros facilitaron la asimilación del cristianismo entre la sociedad deprimida.


El apoyo inicial de la nueva religión dado por el poderoso Oda Nobunaga durante los años 1560 a 1580 seria negado repentinamente por el hombre que le derrocaría del poder, Toyotomi Hideyoshi, el cual promulgaría un edicto por el que los religiosos cristianos serían desterrados de Japón. Curiosamente mas de 1000 años después se repetía el caso del choque del cristianismo con la política divina, al igual que ocurrió en los tiempos de la antigua Roma, los emperadores juzgaron a los cristianos de peligrosos y rebeldes al considerar la existencia de un sólo Dios y no admitir la naturaleza divina de su gobernante. Lo mismo pasaba con Japón en la que sus emperadores eran descendientes divinos de los dioses ancestrales según las creencias sintoístas, para Hideyoshi los cristianos y sus ideales podían ser un motivo de rebeldía y problemas así que decidió dehacerse de ellos.


Aunque la tentación económica del comercio con occidente le volvió algo benevolente con los cristianos en el tiempo siguiente, ocurrió después que la llegada de un galeón mercante por una tormenta a las costas de Japón le volvió totalmente intransigente, ya que según había llegado a sus oídos por su secretario, el capitán del barco le había comentado de un plan para hacerse con el país mediante la predicación religiosa. La reacción de Hideyoshi no se hizo esperar y mandó ejecutar a todos los franciscanos del barco, aún más mandó prender a todos los franciscanos que seguían en Japón pese a la ordenanza suya y a los cristianos convertidos, fueron ejecutados públicamente en Nishizaka. A este hecho de 1597 se le conocería como la muerte de los veinte mártires cristianos.


La concienciación para el mártirio ya había sido también predicada por los frailes temiendo las replesalias del emperador, se les animaba a los nuevos conversos que se mantuvieran firmes frente a la tentación de abandonar a Cristo, que debían resistir y padecer males por amor a la cruz. Las ideas enfatizadas de los antiguos mártires cristianos fueron transmitidas en Japón gracias al libro llamado Santos no Omiwaza partiendo de textos de Fray Luis de Granada. En Japón los frailes conocieron una ventaja espiritual de la población que soportaba estoicamente los ataques contra los conversos, y es que el espíritu del bushido estaba profundamente arraigado desde el siglo XII y coincidía en ese momento con un periodo de renovacion y reafirmación en las reglas de la caballería japonesa. Los conversos identificaron el sentido de fidelidad máxima a su señor, llegando al suicidio si la situación lo exigía, con el sentimiento de fidelidad a Jesucristo llegando al martirio de la misma forma.

Después de aquel martirio ejemplarizante parece que las autoridades se calmaron aproximadamente durante 20 años, momento en el que el nuevo primer ministro o shogun Tokugawa Ieyasu ordenaría firmemente la expulsión de todo cristiano de Japón. La persecución fue máxima y las torturas y martirios generalizados por todo el país, se contabilizaron alrededor de 950 muertes por religión. Esta fuerte represión produciría a su vez rebeliones cristianas que serían inmediatamente reducidas provocando que el Shogun decidiera bloquear la entrada de occidentales en Japón que duraría 300 años, El cristianismo por entonces había sido condenado a sobrevivir como una religión clandestina en la tierra del sol naciente.

Pese a lo que pueda parecer, sería cometer una imprudencia hacer un rápido juicio de valor acerca de las relaciones entre Japón y el cristianismo, hace falta conocer más de la historia de este país, tema del cual nos ocuparemos en próximos artículos.

Os dejo aquí este documental que viene muy al hilo del tema


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1 comentario:

  1. Impecable.

    Me encanta la aclaración final. "Pese a lo que pueda parecer, sería cometer una imprudencia hacer un rápido juicio de valor acerca de las relaciones entre Japón y el cristianismo"
    Estoy completamente de acuerdo, el documental peca de excesivo procristianismo.

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