Berlín es una superviviente, pocas ciudades europeas han tenido un protagonismo tan grande durante el siglo XX como la capital alemana, vibrante y cosmopolita en los años 20 cuando todo parecía ir bien al regimen sozial democrata, la que tristemente a su pesar fue el centro de Europa durante las dos guerras, título que pagaría muy caro, quedando tras la segunda guerra mundial con la mitad de sus edificios completamente destruidos.
Para otra ciudad aquello hubiera sido una herida muy dificil de cicatrizar pero no para Berlín, sin embargo en la guerra fría de nuevo sufrió el cinturón del Muro y la separación de su alma en dos mitades que de nuevo acabaría pagando.

Si hay un símbolo de Berlín ese es la puerta de Brandemburgo, de 1795, joya de la arquitectura neoclásica, coronada con la diosa victoria en su cuádriga de bronce, la cual fue llevada a Paris por Napoleón y devuelta a la ciudad tras su caída. Considerada por los nazis como un icono de poder al modo romano, sobrevivió como nuevo emblema de la reunificación y es la prueba de que los símbolos los hace el hombre y no viceversa.
Otro edificio que representa la solidez del nuevo sistema democrático es el Reichstag, donde tiene lugar hoy la sede del Parlamento y que es una construcción imponente de su época imperialista. A sus pies tuvo que observar como cambiaba de manos el poder berlinés, en manos del emperador, de Hitler, etc, Muy dañado tras las guerras, sobrevivió y renació, la nueva cupula de acero y cristal de Norman Foster fue una inyección de energía para afrontar el nuevo milenio con espiritu renovado.

Nefertiti observa Berlín desde su isla, patrimonio de la Humanidad desde 1999, la isla de los museos donde reposa el famoso busto de la reina de Egipto.Localizada al final de la avenida Unter den Linden, aqui están situados cinco importantes museos : Pérgamo con el famoso altar del mismo nombre así como arte babilónico, Bode, Neues Museum, Alte National Museum y el Altes Museum donde se encuentra la colección del arte egipcio.

Se mira hacia el futuro pero no se olvida el pasado con el fin de que nunca jamás se repita lo ocurrido. Por ello se inauguró en el nuevo milenio el memorial del Holocausto, criticado en su momento, un gran solar lleno de bloques negros de hormigón, desagradable, incómodo como no podía ser de otra manera. Así mismo también están el jardín del exilio y el museo del holocausto del pueblo judío y es que hablar de Berlín es hablar del pueblo judio cuya impronta quedó grabada en las calles del Scheunenviertel, barrio judío, donde cerca se encuentra también el museo de Ana Frank, que se escondiera de los nazis en Amsterdam.
Pero como ya he dicho, se mira hacia el futuro, y la prueba más palpable es Postdamer Platz, la cual quedó totalmente destruida despúes de la segunda guerra mundial y sufrió el paso del Muro dividiendo su personalidad. Hoy es otra, renovada gracias a la influencia de importantes arquitectos como Moneo, Isozaki o Renzo Piano en ella están situados cafés, cines, centros comerciales, multinacionales y edificios vanguardistas como el Sony-Center y su cuúpula futurista o el Daimler Benz al cual hay que subir para disfrutar de las vistas.
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